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MARÍA ANTONIA PARÍS

 

Fundadora, con San Antonio Mª Claret, de las Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas. Nace en Vallmoll, Provincia de Tarragona, España, el día 28 de junio de 1813. Desde muy joven siente la llamada del Señor a servirle en la Vida Religiosa, para la extensión del Evangelio y la renovación de la Iglesia, pueblo de Dios.

 

Ingresa en la Compañía de María, en Tarragona, donde pasa 9 años en calidad de Postulante, ya que las leyes civiles del Reino de España no permitían la admisión al Noviciado ni a la Profesión Religiosa de los formandos.

 

Con mucho amor y constancia perseveró en su querido convento, con la firme esperanza de que si Dios la quería Religiosa, algún día lo sería. Ese día esperado llegó cuando la Reina Isabel II visitó el convento y le concedió el permiso para iniciar el Noviciado. Vivió intensamente esta etapa y, faltándole poco tiempo para su Profesión, experimenta fuertemente la llamada del Señor para abandonar su querido convento y lanzarse a la aventura de fundar una Orden Nueva, pero no nueva en la doctrina, sino en la práctica.

Dios le revela en la oración que el P. Claret – a quien ella aún no conocía – le ayudaría en la fundación de las primeras casas de esta nueva orden religiosa. Obedeciendo al querer del Señor  sale de la Compañía de María, juntamente con su connovicia Florentina Sangler.  Se alojan en una pequeña habitación que les ofrece una familia generosa de Tarragona. Allí hacen vida de comunidad, y su ejemplo atrae a otras tres jóvenes, a quienes la M. Antonia brinda formación, y con ellas emprenden el viaje a Cuba, adonde han sido llamadas por el Arzobispo Claret, para realizar allí la Fundación del nuevo Instituto, la cual tiene lugar el 25 de agosto de 1855, en Santiago de Cuba.Dos días después hace su Profesión Religiosa y el 3 de septiembre la realizan las cuatro compañeras que se le habian unido en Tarragona.

 

Después de una vida ejemplar, entregada al cumplimiento de la voluntad de Dios, y después de haber hecho crecer la Congregación por distintas regiones de Cuba y España, muere santamente en la comunidad de Reus, Tarragona, el 17 de enero de 1885. Su Causa de Beatificación está avanzando; ya la Iglesia reconoció sus Virtudes Heroicas y esperamos con ilusión su pronta Beatificación.

 

        

 

 

BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE UN APÓSTOL GIGANTE

 

Sallent, Obispado de Vich, Barcelona, España, fue la cuna de su nacimiento, el día 23 de diciembre de 1807, en el seno de una familia sencilla, trabajadora y muy fervorosa.

 

Un niño como todos los demás, pero con una marcada vocación misionera y un celo ardiente por la salvación de las almas que, a sus 5 años de edad, le hacía desvelarse hasta altas horas de la noche pensando en la eternidad… Nos cuenta él mismo: “pensaba: siempre, siempre, siempre; me figuraba unas distancias enormes. A éstas añadía otras y otras y al ver que no alcanzaba al fin, me estremecía y pensaba: - los que tengan la desgracia de ir a la eternidad de penas, ¿jamás acabarán de penar, siempre tendrán que sufrir? - ¡Sí, siempre, siempre tendrán que penar…!Esto me daba mucha lástima, porque yo, naturalmente soy muy compasivo;  y esta idea de la eternidad de penas quedó en mí tan grabada(…) que es lo que más tengo presente. Esta misma idea es la que más me ha hecho y me hace trabajar aún, y me hará trabajar mientras viva en la conversión de los pecadores, ( mediante) la predicación, en el confesionario, editando buenos libros, estampas, obsequiando rosarios, hojas volantes, a través de conversaciones familiares, oración, sacrificios…

 

Desde muy niño mostró una especial sensibilidad humana por los ancianos y enfermos. Con gran cariño ayudaba a su abuelito a cruzar la calle, mientras los demás huían de las hordas del ejército francés que azotaban a España, pues ésta se hallaba en guerra contra Francia.

 

También incursionó en el arte de la fabricación de tejidos, que aprendió de su padre, y que poco a poco le llevaría a un alto renombre, pues su destreza, inteligencia y creatividad le hacían superar los modelos que le llegaban de otros países industriales.

 

Como joven estudiante experimentó los peligros de las malas compañías, las tentaciones con que el mundo trató de apartarlo del proyecto de Dios, pero su tierna devoción a la Virgen y su amor apasionado por  Jesús Eucaristía le ayudaron a salir airoso y a crecer en su proceso de santidad.

 

Cuando el éxito, la fama y la gloria le sonreían y le atraían irresistiblemente, sintió el llamado del Señor a dejarlo todo y hacerse Sacerdote. Se acordó de haber leído en su infancia aquellas palabras del Evangelio: “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si finalmente pierde su alma?” Esa sentencia fue como una saeta que hirió su corazón y, desde entonces, discurría, pensaba y oraba mucho para saber qué tenía que hacer. Así, ingresó en el Seminario, y recibió la Ordenación Sacerdotal el 13 de junio de 1835.

 

Sus deseos de llevar el Evangelio por todos los rincones de la tierra le llevaron a ofrecerse a la Congregación para la Propagación de la Fe, en Roma, para ser enviado a cualquier parte del mundo, con absoluta disponibilidad. Inició el Noviciado en la Compañía de Jesús, en Roma, para hacerse Jesuita. Pero no era ése el querer de Dios, y una extraña enfermedad le obliga a regresar a España, donde desplegó una incansable labor misionera por muchos pueblos y ciudades adonde lo enviara su Obispo.

 

A estas alturas de esta mal hilvanada y apretada microbiografía, algunos lectores se estarán preguntando ¿quién es ese protagonista, ese Apóstol gigante del siglo XIX y de todos los tiempos?... Otros ya lo habrán adivinado, pues los datos de su vida y obra les son familiares. Se trata nada menos que de San Antonio Mª Claret, Fundador de las Religiosas de Mª Inmaculada Misioneras Claretianas [junto con la M. Mª Antonia París], de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Misioneros Claretianos), aparte de las otras ramas de la Familia Claretiana por él fundadas: Seglares Claretianos y Filiación Cordimariana.

 

Cuando más entregado se hallaba a las misiones populares por Cataluña, Canarias y otras regiones de España, el Papa, aceptando la propuesta de la corona española, lo nombra Arzobispo de Cuba. Con mucho sufrimiento pero con entera adhesión a la voluntad de Dios aceptó ese cargo que en cierto modo frenaba sus andanzas apostólicas – creía él – pero una vez posesionado de la Diócesis de Santiago de Cuba organizó la Visita Pastoral que le permitiría recorrer la mitad de la isla - que para entonces comprendía dos Diócesis: la de Santiago y la de La Habana - a pie, o en mula, bajo el sol y la lluvia, entre persecuciones, calumnias y atentados, en una labor incansable como sólo él podía realizar. ¿De dónde sacaba fuerzas para una entrega de tal naturaleza? La oración, la lectura de la Palabra de Dios, el ejemplo de los Santos, eran sus fuentes inspiradoras.

 

Siendo Arzobispo de Santiago de Cuba, profundamente impresionado ante la situación de marginalidad, desprecio, injusticia y opresión en que se hallaba la mujer, ve propicio el momento de impulsar su promoción humana y cristiana a través de le Educación Católica; manda a llamar a Mª Antonia París y las cuatro jóvenes que se le habían asociado en Tarragona, para realizar la Fundación de las Religiosas de Mª Inmaculada que Dios había inspirado a Mª Antonia París, prometiéndole que el P. Claret le daría la mano para formar las primeras Casas de la Orden Nueva que le estaba confiando. Llenas de entusiasmo y valentía reciben la noticia y se lanzan a la travesía de los mares para llevar a cabo la Fundación del primer Instituto Religioso femenino que nacería en Cuba, el día 25 de agosto de 1855.

 

En Cuba cuidó siempre de socorrer a los pobres, material y espiritualmente, a través de limosnas y libros piadosos. Para los niños necesitados compró una hacienda en Puerto Príncipe, ahí fundó una especie de granja-hogar, dotada de Iglesia, Biblioteca, Laboratorio de Química e implementos para la agricultura, donde los niños y niñas recibían enseñanza religiosa, alimentación, vestido, aprendían a leer y escribir, y posteriormente un arte u oficio de su agrado. Una hora al día cultivaban la hacienda, como aporte para su manutención, a la vez que depositaban sus pequeñas ganancias en una Caja de Ahorros, para su futuro.

 

En la Diócesis también creó Cajas de Ahorros con la finalidad de fomentar en los pobres el sentido del trabajo honrado y la importancia de ahorrar para tener una vida digna. Trató de que se crearan en todas las parroquias.  

 

Visitaba con frecuencia a los presos, y buscando su superación y regeneración, creó  talleres  en las cárceles de la Provincia de Cuba. Igualmente se desvivió por los enfermos en los Hospitales.

 

Facilitó los matrimonios a los pobres que carecían de partida de Bautismo, para  evitar amancebamientos. Se opuso a los raptos y a los matrimonios entre parientes. Sólo los permitía estos cuando no había otra solución.

 

Su defensa de los esclavos negros y su lucha contra los abusos de los poderosos le trajo no pocos problemas: calumnias, desprecios, enemistades, persecuciones, atentados… a los cuales supo responder siempre con bondad, amor, comprensión y una heorica actitud de perdón, que a todos edificaba.

 

Cuando más entregado estaba a su misión episcopal, fue llamado por los Reyes de España, para nombrarle Confesor de la Reina Isabel II. Nuevo sufrimiento para quien anhelaba una vida sencilla, libertad para llevar el mensaje de Cristo a todos los pueblos. Pero acepta nuevamente, no sin antes buscar asesoría y consejo espiritual, y se entrega con generosidad a aprovechar esta nueva oportunidad de evangelizar y predicar en los poblados adonde la comitiva real exigía su presencia: visitaba conventos, hospitales, confesaba, celebraba la Eucaristía, predicaba en Iglesias y plazas, sin perder ocasión. Es decir, continuó su ritmo de labor incansable, hasta que la persecución desatada por la guerra civil española le hizo experimentar la amargura del destierro. Acompaña a la Reina en su destierro a Francia; separado ya de la Monarquía se establece en Prades, desde donde viajó a Roma para participar en el Concilio Vaticano I.

 

Desgastado y enfermo regresa a Francia, a comienzos de 1870; se aloja en la comunidad claretiana de Prades, pero ante el peligro de que sus enemigos “republicanos” lo hicieran preso, el Superior de la Congregación le buscó hospedaje en el Monasterio de los Monjes Cistercienses en Fontfroide. Allí lo atienden con gran cariño y veneración, y muere santamente el 24 de octubre de 1870. Había pedido que sobre su tumba se escribiera este epitafio: “Amé la justicia  y aborrecí la impiedad, por eso muero en el destierro”.

 

Las Religiosas de Mª Inmaculada Misioneras Claretianas, comparten por este medio el gozo de esta conmemoración y la acción de gracias al Señor por todo lo que el P. Claret ha significado para la Iglesia, para las Congregaciones por él fundadas, para cada una de nosotras en particular y para todos los niños y jóvenes que se forman en nuestros Centros apostólicos a la sombra de su carisma.

 

Que su ejemplo nos ayude a todos a ser misioneros apostólicos por la imitación de los Apóstoles, llamados a compartir la intimidad y la amistad con Jesús, y enviados a proclamar la Buena Noticia hasta los últimos confines de la tierra, con un estilo de vida centrado en la pobreza evangélica, en la disponibilidad para la itinerancia misionera, en vivir en comunidad y fraternidad al servicio de la evangelización. 

 

Y que muchos jóvenes y muchas muchachas quieran seguir el estilo de vida de Claret y Antonia París, adhiriéndose y viviendo en plenitud el proyecto que Dios tiene para cada uno de ellos.

 

Misioneras Claretianas

Delegación Independiente de Venezuela

 

BICENTENARIO DEL NATALICIO DE UNA

MISIONERA VENERABLE


MARÍA ANTONIA PARÍS

 

Las Misioneras Claretianas de la Delegación Independiente de Venezuela se unen a la alegría de todas las Misioneras Claretianas del mundo, en el 200 aniversario del Nacimiento de nuestra Fundadora: Venerable Ma. Antonia París, acontecimiento que tuvo lugar el 28 de junio de 1813, en Vallmoll, Provincia de Tarragona, España.

 

Desde su nacimiento se manifiesta en ella el designio amoroso del Señor, pues acaeció en circunstancias muy difíciles; su madre Teresa Riera andaba huyendo de los desmanes de las tropas napoléonicas, que azotaban a España. La acompañaba su pequeña hija Teresa, de solo tres años de edad; su esposo había muerto un mes antes. Se refugia en la casa humilde de un criado suyo quien le dio hospedaje. Ahí nace Ma. Antonia, flaca y amoratada, que parecía asada a unas parrillas; muy frágil, desprotegida, abrigada solo por el cariño de su madre y la Providencia de Dios que la destinaba a una gran misión en su Iglesia.

 

Recibe los Sacramentos de iniciación cristiana a muy tierna edad y crece en un ambiente familiar muy cristiano, donde reina la sencillez, armonía y cariño.

 

Cuando contaba 14 años asiste a una Misión que predicaban los Franciscanos de Escornalbou en la Catedral de Tarragona, que marcó su vida. Intensificó su piedad y comenzó a experimentar la llamada del Señor a la Vida Religiosa. Busca asesoría y orientación en la dirección espiritual del Canónigo Caixal, más tarde Obispo.

 

Ingresa en la Compañía de María, en Tarragona, donde permanece nueve años como Postulante, ya que las leyes civiles no permitían el ingreso de vocaciones a la Vida Religiosa. Vive esa prueba con gran fervor, como una religiosa más y se desempeña como Maestra de clase.

 

Siendo todavía Postulante, en el año 1842, estando una noche en oración, rogando intensamente a Cristo Crucificado por las necesidades de la Iglesia, que en aquella ocasión eran muchas, ofreció generosamente su vida, como ya lo había hecho otras veces, para que el Señor les pusiera remedio…Ahí siente que Dios le pide abandonar su querido convento para fundar una Orden nueva, pero no nueva en la doctrina, sino nueva en la práctica. Y que se había de llamar “Apóstoles de Jesucristo a imitación de la Purísima Virgen María”. Como una forma de promover la renovación de la Iglesia.

 

El 10 de abril de 1850, cuando la Reina Isabel II visitó el Convento, accedió ante la súplica de la Superiora y otorgó el permiso para que las Postulantes pudieran vestir el hábito y profesar. De inmediato comenzaron los Ejercicios Espirituales para el inicio del Noviciado, que tuvo lugar el 21 de abril de ese año.

 

Transcurrido el tiempo del Noviciado, y habiendo sido admitida a la Profesión Religiosa, ante el querer de Dios clarificado a través de sus confesores y del P. Claret, con quien Caixal la puso en comunicación, toma la decisión heroica y difícil de abandonar el Noviciado, junto con una compañera: Florentina Sangler, a quien el Señor había inspirado la decisión de salir con Ma. Antonia para hacer vida el proyecto que Él tenía para ambas. Fue un paso muy doloroso, pues amaba su querido Convento, a sus formadoras y compañeras de tantos años, pero por encima de todo estaba la voluntad de Dios.

 

Sale como Abran, sin saber dónde, cómo ni cuándo será la fundación. Pero el Señor le había dicho que el P. Claret le daría la mano para fundar las primeras casas de la Orden. Sin embargo, poco después Claret fue nombrado Arzobispo de Cuba, y parte para la isla en misión de obediencia. Solo le dice a Ma. Antonia: “Ya yo sé que Ud. está aquí”…

 

La fundación del nuevo Instituto se realizará, el 25 de agosto de 1855, en Santiago de Cuba, adonde fueron llamadas Ma. Antonia y las cinco jóvenes que se le habían unido en Tarragona, por el Arzobispo Claret, para atender a la educación humano-cristiana de la niñez y juventud, que se hallaban en absoluto abandono moral y material.

 

En esa noche de 1842 empezó a vivenciar que Cristo Crucificado le iba imprimiendo en lo profundo del alma las palabras de su Santa Ley, de manera especial el Libro de los Santos Evangelios, y al mismo tiempo una voz espiritual le iba explicando el alcance de aquellas palabras y el modo de cumplirlas. (Hay que resaltar que en aquella época la Biblia no estaba al alcance del pueblo y menos de una mujer). Dirá ella misma en otro momento: “el Evangelio se imprimió en mi corazón”.

 

En esa revelación que el Señor le hace experimentar, aparecen los puntos principales de su espiritualidad: la Ley Santa de Dios (el Evangelio), la Iglesia, la enseñanza de la Ley Santa al estilo de los Apóstoles, la Virgen Purísima, la Humanidad de Cristo sufriente, que se imprimen en su alma de manera muy peculiar y que durará toda su vida, como marcada a fuego.

 

De ahí nace nuestro carisma cristocéntrico, mariano, eclesial y apostólico, que nos pide “Seguir las pisadas de Cristo Nuestro Bien”  y “a imitación de los Apóstoles, trabajar hasta morir en llevar el Evangelio a toda criatura”, con especial predilección por los más pobres y por la niñez y juventud. Caminando nosotras a la Patria celestial hemos de procurar “enseñar y hacer fácil a los otros el mismo camino con las armas de la justicia y el ejemplo...”  [Constituciones,3].

 

Nuestro estilo de vida nos pide trabajar por ser “una sola familia y un solo corazón”. El deseo de la configuración con Cristo en la vivencia religioso-comunitaria-apostólica es para nosotras como el punto de partida y de llegada, que debe impulsar y sostener nuestra entrega misionera, juntando la acción con la contemplación “punto el más necesario de nuestro Instituto”.

Siguiendo este estilo de vida, con amor y fidelidad, nuestras hermanas Mª Antonia París, Patrocinio Giner, y Teresita Albarracín han alcanzado las cimas de la santidad, y hoy son modelos e intercesoras nuestras en el cielo.

 

Mª Antonia París, nuestra Fundadora, cuya vida y obra todos conocemos y profundizamos cada año con mucho cariño y devoción, se halla en Proceso de Beatificación. Ya la Iglesia reconoció solemnemente sus Virtudes Heroicas, en Decreto del Santo Padre de fecha 23 de diciembre de 1993.

Son muchas las personas que se han encomendado a ella y por su intercesión han obtenido del Señor curaciones milagrosas y diversos favores.

 

 

 

IDEARIO CLARETIANO

 

PRESENTACIÓN

Las Religiosas de Mª Inmaculada Misioneras Claretianas ofrecemos a cuantos viven y trabajan en nuestros Centros – educadores, padres y representantes, alumnos y personal auxiliar – esta síntesis programática de IDEARIO, a fin de conseguir, en estrecha colaboración, la deseada formación integral de nuestros educandos.

La exposición de nuestro IDEARIO les informará sobre la formación que impartimos en nuestros Centros.

 

I.- Principios fundamentales

  • Toda persona tiene derecho a la educación en plena igualdad de oportunidades
  • Los padres son los primeros y principales responsables de la educación de sus hijos. Tienen derecho a elegir el tipo de centro educativo que estimen conveniente
  • Compete a la sociedad civil fomentar y garantizar la acción educativa como respuesta a los derechos de la familia. Esta tarea es una de las funciones subsidiarias del Estado
  • A la Iglesia corresponde también el deber y el derecho de ejercer su misión evangelizadora en centros educativos propios, puestos al servicio de las familias que libremente lo deseen

 

II.- Identidad del Centro educativo claretiano

 

                                                                    

“La escuela católica persigue, en no menor grado que las demás escuelas, los fines culturales y la formación humana de la juventud. Su nota distintiva es crear un ambiente de la comunidad escolar animado por el espíritu evangélico de libertad y caridad, ayudar a los alumnos para que en el desarrollo de la propia persona crezcan a un tiempo según la nueva criatura que han sido hechos por el bautismo, y ordenar, finalmente, toda la cultura humana según el mensaje de salvación, de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre”.

                              (Gravissimum Educationis, 8)

 

 

Las Misioneras Claretianas se proponen fundamentalmente, dentro de la misión de la Iglesia, una formación integral humano-cristiana de todos sus educandos

 

a)    como Centro educativo

 

“Hermosa es y de suma trascendencia la vocación de todos los que, ayudando a los padres en el cumplimiento de su deber y en nombre de la comunidad humana, desempeñan la función de educar  en las escuelas. Esta vocación requiere dotes especiales de alma y de corazón, una preparación diligentísima y una continua prontitud para renovarse y adaptarse”

                                (Gravissimum Educationis, 5)

 

 

programa su acción en orden a:

 

  • Despertar  y promover el desarrollo integral de la persona, en un ámbito propicio para la reflexión y el aprendizaje serio
  • Ayudar a los educandos para que lleguen a ser sujetos de su propia historia, que capten la situación real y concreta, con capacidad de crítica, convencidos de su posibilidad de ser  “agentes de cambio”, comprometidos a transformar el mundo en solidaridad con los demás
  • Esta formación se ha de realizar en una actitud de profundo respeto a la persona de cada uno de sus educandos

 

b)    como centro católico

 

 

“La educación católica busca no sólo la madurez de la persona humana, sino sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes de su fe para vivir según el hombre nuevo y contribuir a la configuración cristiana del mundo”

                                    (Gravissimum Educationis, 2)

 

 

  • Su nota distintiva es la EDUCACIÓN EN LA FE, entendida como don de Dios, que hace posible una respuesta personal, libre, consciente y responsable. Esta respuesta de Fe no la podemos dar solos

 

  • Todos los miembros de la a Comunidad Educativa nos comprometemos a un TESTIMONIO PERSONAL Y COLECTIVO que haga posible la formación y la expresión de la Fe Católica que profesamos
  • Como consecuencia de esta confesionalidad católica, el Centro está abierto a todos, siempre que se acepte este Ideario.

c)    como centro claretiano

 

“La instrucción prepara el camino a la gracia”

                                                           San Antonio Mª Claret

 

 

  • Está al servicio de la Evangelización y de la Catequesis, a fin de “ENSEÑAR A TODA CRIATURA LA LEY SANTA DE DIOS” (M. Fundadora)
  • Y al estilo de nuestros Fundadores, en la comunicación del mensaje evangélico, busca inculcar:

-          amor a Cristo

-          amor a María

-          amor a la Iglesia

  • La devoción a María, Madre de Dios, permanentemente unida al misterio de Cristo y de su Iglesia, ocupa un lugar destacado en la pedagogía claretiana
  • Queremos lograr de nuestros Centros una FAMILIA SENCILLA, donde educadores, padres y representantes, alumnos y personal auxiliar hagan posible un clima de trabajo asiduo, fe compartida y amor cordial, que supone respeto mutuo y confianza

Estas líneas fundamentales enmarcan la acción educadora de nuestros Centros.

 

III.- Objetivos

 

Nuestros Centros, fieles a los principios de perfeccionamiento humano-cristiano, tienen como finalidad procurar al alumno una formación integral, que les facilite su inserción y participación activa en la vida, de manera que corresponda a la imagen del hombre total en su triple dimensión: personal, social y religiosa, teniendo en cuenta:

  • EL RESPETO A CADA PERSONA, que supone conocimiento y adaptación, tanto en el trato humano como en la exigencia pedagógica
  • Una EDUCACIÓN EN Y PARA LA VERDADERA LIBERTAD CRISTIANA, que haga gradualmente posible una conducta responsable, liberada de condicionamientos personales y sociales
  • Una EDUCACIÓN ACTIVA que logre hacer del educando sujeto de su propia historia
  • Una FORMACIÓN DE HÁBITOS: intelectuales, morales, sociales y religiosos

 

IV.- Comunidad Educativa

 

Nuestros Centros constituyen una verdadera Comunidad Educativa, en la que todos – educadores, padres y representantes, alumnos y personal auxiliar – están llamados a una participación activa y responsable dentro de la vida del Colegio y según sus propias funciones. Por consiguiente:

  • Los EDUCADORES deben conocer y aplicar las metodologías educativas que mejor respondan a las técnicas modernas, procurando dar con su competencia y testimonio la verdadera imagen del educador cristiano
  • Los PADRES Y REPRESENTANTES, dada la responsabilidad básica que tienen en la educación integral de sus hijos, participan en la orientación y marcha del Centro a través de la Asociación de Padres y Representantes
  • Los ALUMNOS son protagonistas de su propia educación, por lo tanto deben tener representación y participación gradual y responsable en la Comunidad Educativa a través de sus delegados
  • El PERSONAL AUXILIAR, desde su propio cometido, colabora y comparte esta tarea educativa

 

La CONGREGACIÓN DE RELIGIOSAS DE MARÍA INMACULADA MISIONERAS CLARETIANAS es quien asume la responsabilidad última de la educación en sus Centros. Todas las personas que integran la Comunidad Educativa deben conformarse a los principios y orientaciones de este Ideario

 

 

Madrid, abril 1978

 

 

Apéndice: pensamientos del P. Claret sobre el educador

 

“El buen educador debe poseer:

Ternura para excitar el amor,

Entereza para inspirar el temor,

Bondad para ganar la confianza,

Gravedad para conservar el respeto,

Autoridad para mantener la sujeción,

Afabilidad para hacer amable la dependencia,

Severidad sin exasperar,

Condescendencia sin bajeza,

Blandura para castigar y reprender,

Vigilancia universal,

Prudencia que disimule y afecte ignorarlo todo,

Atención infinita para penetrar sus inclinaciones,

Conversaciones que les instruyan,

Ejemplos que les persuadan,

Amarlos y castigarlos,

Castigarlos y no irritarlos,

Darles la libertad e impedir la disolución,

 

Acomodarse a todos los caracteres,

 

Hacerse a todos los genios,

 

Tener o, al menos, adoptar tantas diferencias de temple

 

Y conducta cuantos niños haya de educar”

 

                                                         San Antonio Mª Claret